A usted que se hace esperar...
Siento mucho
iniciar esta declaración con una disculpa, pero es necesario dilucidar que no
soy de esas mujeres convencionales, tiernas ni pseudo princesas. Te confieso
que no me apetece serlo ni tengo temor al expresarlo.
En ciertos
momentos tiendo a aislarme, y en castellano perfecto no medito en el
desasosiego de “si me quieres o no”, simplemente me aparto para desvincularme
de las banalidades materiales del mundo, porque mi esencia humana comprende lo
etéreo de un espíritu libre.
Así que no
esperes cuatro millones de besos asfixiantes, lágrimas o rabietas de media
tarde, mírame realmente bien, sin quedarte en mi escote, en mis largas piernas,
o en mi rostro. Quizás parezca un tanto fría, indolente o poco sensible pero
conozco el verdadero sentido de amar. Sé cuándo vale la pena arriesgarse y
dejarse llevar por la vida.
No planeo hacerte
responsable de mi felicidad, quiero invitarte a compartirla lado a lado.
Realmente soy muy feliz, por mis convicciones sin variación, por mi inteligencia
independiente y mis ideales exentos de prejuicios.
Ni creas que
trato de convencerte de algún trato con letras pequeñas, si algo habrá de
surgir en tu corazón hacia mí, te prometo historias cargadas de sonrisas, en
tus tristezas mi mano, en tus dudas mi visión llena de claridad y en tu soledad
mi compañía. En tu calma solo añoro tu espíritu rebelde, tu alma de niño y tu mente inquieta.
En mi serenidad,
escaparé, volaré. Jamás pretendas atarme a tu lado, no reprimas mi esencia
libre de añorar, de imaginar, de viajar…Quizás en ese tiempo que decidas
atarme, ya me habrás perdido. Nunca se
le atan las alas a un ave. Si renuncia a volar es una manera de matarle.
Finalmente si se
toma la molestia de leerme, entenderá como amarme en plena libertad, sin
ataduras y sin miedos. Así le amaré si escoge disfrutar de mi espíritu, como la
luz de este cielo, o la pasión de este infierno. Con mis virtudes y mis
defectos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario